Enfocó la vista. No sabía hace cuanto tiempo estaba mirando aquella fuente. Por ahí cinco minutos, por ahí media hora. Intentó poner en números la cantidad de horas que estuvo sentado en la misma posición. Falló en el intento y, por si fuera poco, la vista volvió a nublarse en un punto fijo. No estaba mirando nada. Ni antes estaba mirando la fuente. Cómo un relojito, todas las madrugadas se sentaba en el mismo lugar y a la misma hora y su vista se perdía en los mismos detalles. Los primeros rayos que el sol regalaba a ese departamento todos los días eran en ese preciso lugar. Y muchos años viviendo allí le dieron a entender que era el mejor lugar para sentarse a analizar. Hubo una época que tuvo que cambiar de lugar por que la espalda le pedía por favor que se acueste para analizar. Tardó 2 meses en darse cuenta que un almohadón solucionaba el problema. Y ahora, con el almohadón bajo el culo, recibía los primeros rayos solares del día. Respetaba siempre la misma posi...
Escupo todo lo que pienso. O lo que imagino.