Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento corto

Análisis sedador

  Enfocó la vista. No sabía hace cuanto tiempo estaba mirando aquella fuente. Por ahí cinco minutos, por ahí media hora. Intentó poner en números la cantidad de horas que estuvo sentado en la misma posición. Falló en el intento y, por si fuera poco, la vista volvió a nublarse en un punto fijo. No estaba mirando nada. Ni antes estaba mirando la fuente. Cómo un relojito, todas las madrugadas se sentaba en el mismo lugar y a la misma hora y su vista se perdía en los mismos detalles.    Los primeros rayos que el sol regalaba a ese departamento todos los días eran en ese preciso lugar. Y muchos años viviendo allí le dieron a entender que era el mejor lugar para sentarse a analizar. Hubo una época que tuvo que cambiar de lugar por que la espalda le pedía por favor que se acueste para analizar. Tardó 2 meses en darse cuenta que un almohadón solucionaba el problema. Y ahora, con el almohadón bajo el culo, recibía los primeros rayos solares del día. Respetaba siempre la misma posi...

Abrumados recuerdos

El aleteo de un tábano interrumpió su calentito sueño y lo obligó a levantarse. Una vez que se levantaba le era cuasi imposible volver a dormirse, por lo cual no gastaba tiempo y energía en intentar a hacerlo. Mientras se reincorporaba al nuevo día, sacaba de su lugar a una de las piedras que armaban el fogón para dar espacio y sacar la ceniza que había quedado. Con el pie comenzó a empujar la ceniza hasta la entrada de la cueva para cuando le dieran ganas (y antes que se acumule mucho) poder sacarlo sin ensuciarse por demás. Intentaba mantener el habito de la limpieza y orden, pero no tenía con que limpiarse ni mucho menos cosas para ordenar. La monotonía de sus días y la impotencia de estar varado sin posibilidad de cambiar la situación lo hacían llorar diariamente y por alargadas horas. Y los días cómo estos no ayudaban a este problema: por el contrario, le exprimían el cúmulo de los recuerdos y lo hacían retorcerse del dolor mental. Por lo que su próximo paso fue intentar alejarse ...

Entre mitos y amoríos

Cuantos amanaceres ha visto en todo este tiempo, casi imposibles de contar. Todas las veladas que solían brillar, dejaron de hacerlo. Día tras día, noche tras noche, sin saber lo que sucedía exactamente, lo que le sucedía. No a ella, sino a él. Lo necesitaba, y Clotilde también. Tuvieron a Clotilde unos 6 años atrás. Siempre le aportaron el máximo cariño que un niño necesita. Si bien a él no lo veían mucho ya que solía estar entrenando y discutiendo en reuniones de asamblea, eran felices ya que se proporcionaban el amor propio de una familia. Ella tejía. Y tejía y tejía. Limpiaba la casa; no era muy grande. Un piso solo, 3 habitaciones cuyas ventanas estaban estrategícamente ubicadas para que el sol tempranero logre despertarlos. A Clotilde lo solían tapar la ventana con una sábana para que pudiera dormir plácidamente aún temprano. Clotilde era feliz. Jugaba y se divertía con los juegos regalados por distintas familias amigas de sus padres. Sobre el mediodía iban al ágora a vender su...

Afección laboral en tiempos de Revolución Industrial

-Viene otro. No sangro desde hace 2 meses ya. La cara de Luke no se inmutó. Ya desde hace mucho tiempo parecía casi no tener sentimientos. -No lo quiero - replicó, con dureza. La llovizna comenzó a tapar la ciudad de Manchester. Luke miró el grisáceo cielo y explotó en maldiciones hacia todos los ángeles. Todavía no había podido arreglar el agujero del techo que desde hace semanas viene inundando su casa con cada lluvia. Entró por la puerta principal y Kittie lo retó por el barro que trajo consigo. -Que queres que haga, la slum es así. -Por lo menos sacate los zapatos para entrar. Había mucha tensión en la casa Huttington desde que su pequeño Ed se marchó. Ni siquiera los domingos de descanso lograban darles su buen humor necesario para retomar fuerzas para la semana. De hecho, terminaba siendo el día más problemático de toda la semana. Todos los domingos a la mañana Kittie se la pasaba limpiando la pequeña choza intentando quitar el olor a cerveza que inundaba toda la entrada y l...

El mundo en cuatro patas

Caminaba junto a su compañero, su único compañero, por las calles desoladas. Aquellas calles que en algún momento vieron pasar miles de ruedas y piernas enloquecidas a toda velocidad para llegar a su destino. Aquellas calles llenas de recuerdos infinitos donde en algún momento caminó con sus amigos de día, noche, mañana; con lluvia, calor, frió, viento. Y ahora, así vacías, en un caos total, las ve grises, mucho más grises que el asfalto cálido que le anda quemando los pies. Ya ni recuerda cuanto tiempo pasó. Ni siquiera lo piensa. Camina por la ciudad, en búsqueda de comida, armas, objetos que le puedan ser útiles. En búsqueda, en vano, de alguna compañía que pueda saciar sus ganas de comunicarse. De hablar con alguien que pueda responderle sus preguntas y no solo esté limitado a darle lenguetazos y a pedirle mimos. Sin embargo, no se queja. Lo único que falta es que se queje que, en un mundo así de desolado, lo tenga a Roflo (como así lo apodó desde un principio) haciéndole compañía...