El calor primaveresco lo despertó minutos antes de que suene la alarma. Se quedó acostado descansando los ojos hasta que la suave melodia de todas las mañanas le pegó un cachetazo, avisandole que tenía todo otro duro día por delante. Se puso su short preferido de entrecasa y su buzo holgado para ir a desayunar, sin remera. Olga, su mamá, lo estaba esperando con su cafecito y tostadas negras de todas las mañanas. Apenas entra a la cocina, agarra un papel del rollo de cocina y se suena la nariz. Se sienta en la mesa. -Buen día. -Buen día, Ma. -Otra vez te levantaste resfriado y otra vez no te calzaste. Durazno o naranja hoy? -No importa si estoy descalzo o no, ya sabes como me pega esta época del año. Durazno, por favor. Guido se sopla de nuevo la nariz y, suavemente, unta la tostada con mermelada, mientras mira de paso, como todos los días, su tatuaje en su muñeca. De alguna manera, siempre logra despertarlo y reavivarlo un poquito más. La madre lo analiza atentamente, y al darse c...
Escupo todo lo que pienso. O lo que imagino.